Poesía barata y pensamientos al azar


hay una galaxia en tus ojos

pero no sé si me perdería en ella
hay un eco de palabras que nunca han cruzado tus labios
que duelen 
que hieren
que matan
es una combinación de colores que no reflejan tus emociones
porque si el azul es la tristeza
en ti se ve como alegría
y sé que ocultas la soledad en el rosa
y que el rojo son tus ganas de mandarlo todo a la mierda
que con el verde pintas las cosas que amas
que el negro no es la muerte sino la resurrección
Y el blanco hace ese papel del vacío que tienes por dentro.

¿Quieres ser libre? Es lo que me pregunto
¿Quieres dejar de estar a merced de tus pensamientos
que te duelen
te lastiman
y te matan?

El silencio no es la respuesta
Ese eco debe transformarse en algo tangible
En palabras verdaderas
En gritos
En actos

Que se deslicen por el viento
Que hagan parte de la cacofonía diaria de la vida
Como el sonido de un grillo
El relincho de un caballo
Al aleteo de las alas de un águila
El grito de una mujer pariendo
La ciudad despertando.

Tienes a Andromeda a en tus ojos
Tan diferente de la Vía Láctea
Y eso me dice que quizás llevas fuego en las venas
¿Quiero quemarme?



A veces quiero llorar porque soy una inútil que no avanza nada, no puedo dejar de evitar la ansiedad que me da ser adulta, tener que hacer todas estas cosas de mayores sin la ayuda de nadie, no sé cómo solucionarlo, cómo dejar de ser dependiente, cómo dejar de sentirme como una tonta porque no puedo hacer nada. Nada

Tengo que averiguar la matrícula y no quiero, tampoco puedo fingir que lo hice, tengo que pedir una cita para sacar el carnet de nuevo porque fui lo suficientemente estúpida para botarla y lo pospongo. Yo no puedo hacer nada por la ansiedad que me produce todo eso, y encima mi mamá presionándome y siendo incapaz de entender que no es porque yo no quiera hacer nada, es que me siento incapaz de hacerlo sola. Odio tener que estar preocupándome por eso y odio sentirme como una tonta porque todos se adaptan a la adultez menos yo, me siento culpable todo el tiempo por ser tan inútil y de ahí es de donde vienen las lágrimas, porque soy débil, porque no puedo forzarme a hacer las cosas, porque me desmotivo fácil y no sé cómo solucionarlo. Me da miedo salir de mi zona de confort y me da rabia quela gente diga que es fácil porque no lo es para mí.

Me da rabia que parezca que no avanzo nada y eso me hace sentir que, en realidad, no avanzo ni un carajo. 



Foto por Sylvie Tittel en Unsplash
Hola, primer amor

Puede que esto lo leas como puede que no, no sé si llegarás mañana, el próximo sábado, en un año, en una década o nunca pero igual quiero escribirlo.

Soy un desastre, y para cuando me encuentres quiero que sepas que nadie nunca me ha amado, ni siquiera yo. Tengo un montón de manías y defectos; Me gusta leer porno gay hasta las 3 de la mañana y estoy obsesionada con Louis Tomlinson y Harry Styles y otros cuantos personajes más de ficción. Traduzco fanfiction y escribo mierda que espero algún día terminar así nadie la lea, amo el helado, las papas fritas, la pasta y la mazamorra y odio la cebolla, el cilantro, las habichuelas y la remolacha.

Me gusta ver series de ficción y me salto las escenas de sexo heterosexual porque me incomodan, soy feminista y le grito a los tipos que me dicen obscenidades en la calle. Odio que la gente critique a otros, así sea “en broma”, que se crea más que los demás por estupideces como la apariencia, el dinero o la inteligencia. Me gustan los gatos, los perros y los pájaros que no me pican ni me muerden, me gusta cantar canciones y fingir que lo hago bien.

Tengo días buenos en los que puedo confiar en mí y en las cosas que hago, en los que trato de respirar y encontrarle el lado positivo a la mierda que me pasa pero, también tengo días en los que no quiero ni levantarme de la cama, en los que me odio y quiero gritar de la frustración, en los que me recrimino todas las pendejadas que hago pero no hago el esfuerzo ni siquiera de cambiarlas. 

Primer amor, debes saber que soy una loca complicada, con una personalidad volátil y que me retraigo y lloro por dentro, que quiero un abrazo pero nunca lo pido, que sufro y que no lo digo. Debes saber que mi alma no está bien, y que a pesar de esos días llenos de luz y algunas sonrisas, hay una oscuridad dentro de mí que a veces me consume. 

Quisiera que lucharas por mí, pero no sé si lo harás, a veces dudo mucho que le importe a la gente porque no tengo tantas buenas cosas que ofrecerles; siempre termino huyendo de las relaciones porque resulta más fácil, porque así nunca tendrán la oportunidad de abandonarme, no si yo lo hago primero. Lo sé, estoy jodida, pero sueño con que tú no te rindas, si lo hicieras arruinarías esta fantasía tonta que me hice en la cabeza sobre conocerte y pasarla bien. 

Primer amor, déjame decirte algo, quiero que llegues pero al mismo tiempo no lo quiero. Sé que te voy a romper el corazón por culpa de mis miedos e inseguridades, que probablemente te voy a abandonar cuando sospeche, estúpidamente, que ya no me quieres. Y sé que no debería pedirte esto, pero soy débil, no te rindas tan fácil conmigo, pelea con uñas y dientes, no dejes que me cierre, tumba unas pocas paredes, no te dejes engañar por mi inseguridad disfrazada de apatía. Hay un corazón dentro de mí que vale la pena, incluso yo puedo aceptarlo, pero soy tonta a veces y me dejo ganar por el miedo. 

Primer amor, no te rindas porque si vas a hacerlo, ni siquiera te molestes en venir, por favor. 



Vos sos un hombre extraño, me gusta que me trates suave y no me presionés pero odio cuando me dejás tirada porque siento como si yo no fuera importante.

Me gusta que me cuidés, que tratés de darme consejos, que te preocupés por las cosas que me pasan, que me escuches.

Me gusta tu voz suave y tu perfil puntiagudo, me gustan tus rizos y la emoción al hablar de las cosas que te apasionan, de la música y el anime, de tus películas extranjeras raras. 

Me gusta la forma en que te preocupás de tu hermana, tu dedicación a ella, que no la presionés a ser lo que ella no es.

Me gustas, me has gustado desde que te conocí y me ofreciste un refugio en el que podía ser todo lo antipática del mundo, conservar mis silencios incómodos y guarecer mi corazón roto.

A veces siento que es estúpido  que me gustés tanto, que te deje de ver por un año y cuando volvamos a encontrarnos mis palmas aún suden descontroladas. 

Siento que es estúpido sentir estas cosas por vos cuando sólo me ves como una amiga, cuando no me escogiste, cuando eres tan feliz con otra persona. 

(Posdata, no me llames "bebé" si no soy tu bebé.
Posdata 2, quiero ser tu bebé. )



Hace unos años mi mamá me preguntó cuándo iba a hacer la confirmación y yo le dije que no la haría, me preguntó por qué y yo le respondí que no me sentía identificada más con el catolicismo. Jamás lo he hecho, la iglesia era una obligación e iba por la comida que me daban después, eso es todo.

En otra ocasión mencionó que yo era atea y le dije que no, no creer en la iglesia no significa que no crea que haya algo más grande que todos nosotros.

Unos años después, llegué a la conclusión de que me daba igual la existencia o no existencia de un dios, me identifiqué como agnóstica y no me arrepiento. Vivo mi vida tratando de hacer lo correcto, de ser amable, de ayudar cuando puedo sin esperar nada a cambio. 

Relaciono la espiritualidad con la religión y sé que no es estrictamente eso, tiene que ver con el alma, con las prácticas que tenemos para estar en paz. Una cosa chistosa que me descubrí hace poco es que practico ciertas cosas de la Wicca, en especial su filosofía, siempre he creído que las personas pueden hacer lo que quieran siempre y cuando no hagan daño a otros y que el karma es poderoso, así mismo, acepté la reencarnación como una forma de reciclaje del alma y que purgamos nuestros errores en vida. Todo eso hace parte de la Wicca y yo he venido haciéndolo por años sin saberlo.

Estoy considerando convertirme a la Wicca pero la verdad no sé si hacerlo en estos momentos, necesito como mínimo un año para estudiar y ahora todo es un desastre que apenas estoy arreglando, quizás cuando sea mayor y esté dispuesta a hacerme más sabia.

Algo pequeño que quiero intentar por ahora es tratar de que mi psique esté sana, quiero meditar o hacer yoga pero no encuentro motivación para hacerlo, quiero estar de la cabeza pero no sé si he llegado a ese punto en el que pueda intentar sanar. 

La espiritualidad y yo tenemos algo complicado pero seguiré con mis creencias básicas y mis prácticas simples de hacer el bien a toda costa, por ahora me sirve. 



Marzo 8

Creo que le caigo mal a una gente de Locución, puede que esté armando una paranoia donde no haya nada pero me da esa impresión. Desde que escuché decir a una chica "¿por qué será que siempre está metiendo la cucharada?" en clase de guiones después de que le dije que esperara a que escribieran la idea de otra chica para hacerle cambios, siento que hay una cierta tensión cada vez que hablo en clase y que me mira y lucha por no rodar los ojos. Eso sin mencionar que cuando íbamos a esa misma clase unos días después, la misma chica le dijo a una de sus amigas que "esa me cae mal" y cuando ella le preguntó quién, le respondió "la de las gafas negras que viene detrás de nosotras" y era yo; las otras dos de gafas que veían atrás de mí no las tenían negras. 

Ayer escuché a unas chicas decir en el baño "quiero decirte algo pero esperemos a que se vaya para poder hacerlo" y yo era la única allí aparte de ellas, fue raro pero me fui porque no era mi asunto.

También siento que no le agrado a V., supongo que cree que soy lenta e incompetente y no sé qué más cosas y hay otro chico amigo de él que ni siquiera me mira, hay como un áurea rara en ese grupo pero no sé.

Al principio, entré en pánico porque no me gusta no agradarle a las personas pero con el paso de los días se ha ido desvaneciendo esa sensación, poco a poco empiezo a pensar que no me interesa, que si les agrado bien y que si no, también; estoy harta de sentir que debo callarme y no hablar para no incomodar a las personas con mi presencia, a la mierda, no los volveré a ver y su inseguridad sobre mi me da igual, que arreglen sus putos problemas como yo he estado haciendo con los míos. Seguiré con mi vida y si no les gusto, da igual, estoy harta de intentar encajar en todos los estándares de los demás, soy como soy y en general me gusta mi personalidad y no voy a cambiarla por alguien más, sólo por mi. 



¿cómo hago para que deje de importarme si le agrado a la gente o no? 

¿cómo hago para que deje de dolerme si dicen que no les gusta algo de lo que hago o digo?



Marzo 5

Es difícil no tomarse las cosas a pecho, las miradas, los gestos. Me imagino esta película en mi cabeza en la que no le agrado a las otras personas que a veces conviven conmigo, normalmente sale de alguna interacción en la que fui incómoda como persona—de esas que me tienden a pasar tanto y no sé cómo evitar—y por eso es que huyo de las interacciones sociales, porque creo que la gente me habla por cortesía y nada más, porque no creo que tenga algo que ofrecerle a los demás y ellos lo ven, y luego resulta que la gente sí se mantiene alejada de mí porque construyo un muro entre ellos y yo que se torna impenetrable y lo sé, lo hago para protegerme pero oh, demonios, cuánto ansío que alguien se interese lo suficiente para tumbarlo pedacito por pedacito pero no pasa. 

Nadie sabe quién soy, ni mi familia, ni mis amigas de internet, ni yo misma, a veces. Siento que cuando voy a hablar con alguien tiendo a analizar a la persona y decidir qué máscara usar, como si tuviera un clóset repleto de ellas en mi cabeza y yo las conociera todas, excepto mi rostro—nunca mi rostro. Y a veces me frustra, más cuando estoy sola tratando de arreglar el desastre en que he convertido mi vida pero encuentro que no lo hace cuando estoy rodeada de gente, es un escudo, una forma de analizar a los demás sin que hagan lo mismo, sin que juzguen mi yo verdadero. Suena frío, yo sueno fría, calculadora, falsa, pero no sé, es cómodo eso, como vestirse todos los días.

¿Se supone que deba cambiar esta actitud, esta compulsión? No lo sé, no tengo ni la menor idea. 



¿Alguna vez dejaré de fingir? Lo he hecho desde hace tantos años que ya parece que no importa. Con la familia, con los amigos, conmigo misma. Todo lo que hago es fingir. Hay máscaras y mentiras y sonrisas falsas que me dejan vacía. A veces logro hasta convencerme de que no finjo y me digo "eh, relájate, todo va a estar bien", excepto que nunca lo está.

Una acción pequeña se vuelve el desencadenante de otro montón de mierda más grande y finalmente, es mi culpa. Siempre lo es, ya sea ante los ojos de los demás o los míos. Y vuelvo a fingir que no hay nada malo, que mis errores no me duelen, que soy fuerte y valiente, que las palabras no me afectan excepto que siempre estoy temblando por dentro reprochándome todas las estupideces que hago (y lo son, vaya sí lo son). 

Creo que mientras siga sucumbiendo a lo malo a mi alrededor, mientras siga yendo por la vida escapando de mis acciones, temblando por dentro, nunca dejaré de fingir. A veces cansa hacerlo pero otras veces es lo único que me queda, lo único que puedo medio controlar y es jodido, lo sé, nada en la vida puede ser controlado pero yo al menos puedo fingir que lo hago y supongo que debe ser suficiente.





  • Louis Tomlinson 
  • Leer
  • Larry Stylinson
  • Stucky
  • Negro
  • Misch
  • El helado
  • El chocolate
  • Escribir
  • Música
  • Cantar
  • Fanfiction
  • Jade
  • Génesis
  • Catita 
  • Kitty
  • Kiabet
  • One Direction
  • Little Mix
  • Bailar
  • Los gatitos
  • Las cosas suaves
  • Los días fríos
  • Los cumplidos
  • Sentirme útil
  • Reírme con mamá
  • Responder reviews
  • Hacer sudokus
  • Sentirme inteligente
  • Una tarde de películas
  • Martin
  • Ed Sheeran
  • Sacar buenas notas
  • Traducir
  • Publicar capítulos de mis historias
  • Diseñar en PS
  • Canva
  • Jugar con Lola
  • Panchita
  • Peinar a Chepa
  • Acariciar a Cori
  • Tener el pelo lindo
  • Cejas definidas
  • Uñas pintadas
  • Verme bien
  • Bullet Journaling
  • Dibujar pendejadas




  • ...

    Photo by Magda Fou on Unsplash
    Y chica, tienes que amarte a ti misma. Tienes que despertarte a las cuatro de la mañana, hacerte un café negro, y observar a las aves ahogándose en la oscuridad del amanecer. Tienes que sentarte al lado del hombre en la estación del metro que está leyendo tu libro favorito y comenzar una conversación. 

    Tienes que venir a casa después de un mal día y quemar tu piel en la ducha. Luego debes lavar tus sábanas hasta que huelan a limón, de ese detergente que compraste en la tienda de la esquina. Tienes que dejar de tomarte todo tan jodidamente personal. No eres la luna besando el cielo oscuro. 

    Tienes que elogiar las cejas arqueadas de alguien y decirle que sus ojos te recuerdan a piscinas verdes en el medio de Julio. Tienes que dejar de molestarte por cosas que no van importar en dos años. Dormir los sábados en la mañana y despertarte temprano en domingo. Tienes que dejar de preocuparte por lo que dirá ella cuando se entere. Tienes que dejar de pensar en él porque él dejó de preocuparse por ti hace seis meses. Tienes que dejar de preguntarle a los demás sus opiniones. Tienes que dejar de dar explicaciones sobre tus acciones. 

    A la mierda. Ámate.

    Tienes que empezar a amarte a ti misma, lo demás no importa. 



    y mírame, cuanto más triste me siento, más fotos me tomo; tal vez sea mi yo interno tratando de cubrir lo que siento, el dolor o lo que sea; tal vez sea mi yo externa alimentando mi narcisismo para no pensar en otras cosas. 

    supongo que soy yo inventando mecanismos para evitar el dolor, o quién sabe. sólo me tomo fotos que no le importan a nadie, soy una desquiciada, una loca pretendiendo que es bonita, que hace suspirar y esas mierdas, pero no, no es así. 

    es triste, doloroso, real. 



    Photo by Natã Figueiredo on Unsplash
    De un lado está tu derecho a expresarte y del otro el de los demás, y en el centro se encuentran todas esas cosas que pueden herir tu moral, tus principios, tu ser y el de los otros. 

    Di lo que quieras decir, pero no hagas como si la opinión de los demás no existiera-al igual que la tuya, es válida-y sólo cuando está hiriendo o lastimando lo que eres como persona, deja de ser libertad de expresión y se convierte en cretinismo. 

    Las palabras son sólo palabras, es el tono el que las hace poderosas, es el cómo se dice lo que les da significado; destruyen y crean, y el saber usarlas con propiedad y recordando que no vivimos solos es lo que las hace parte de la libertad de expresión y no una herramienta de los cretinos. 

    Pensar dos veces antes de hablar nunca debe subestimarse. 



    Ya no somos infinito,
    ya no existimos;
    tu por tu lado
    y yo por el mío.

    El destino sigue separando
    nuestro camino,
    dando la oportunidad
    y después alejándonos.

    No hay nada mas desgarrador que el saber que compartía
    espacio con alguien,
    aire,
    e incluso conocidos,
    y aun así estas lejos de mi,
    cada día un poco más.

    Y mi corazón
    sigue rompiéndose un poco más,
    a cada instante
    con cada paso,
    con cada decisión.

    Duele,
    es desgarrador.



    Silencio.
    Susurran, comentan, replican,
    Gritan.

    Silencio.
    Murmuran, reprochan, critican,
    Mas silencio.

    Y en el medio
    Un corazón latente,
    Sangrante,
    Doliente.

    En silencio.
    Toxico,
    Mortal.

    Silencio.




    El papel de los comunicadores en los medios de comunicación en Colombia*


    Por Valerie H.
    *Escrito en mayo de 2016 como trabajo de clase.

    Los medios de comunicación en este país no han cambiado mucho con los años, si algo sólo se han degradado más; desde siempre han tenido esa chispita de querer tener el raiting más alto, de vender más, y nunca han dudado en hacer cualquier cosa para lograrlo, inclusive jugar con la (in)sensibilidad de las personas.

    Desde muy joven vi noticias. Era el momento en el que podía sentarme con mi familia y compartir algo de tiempo con ellos. Creo que por la edad nunca les di demasiada importancia y no siempre fui consciente de lo que hacían con los espectadores al incitarlos a seguir ciegamente a los grupos económicos y transmitir lo que les convenía, dejando atrás―y muchas veces distorsionando―la verdad.

    Desfiles de muertos, atracos, tragedias, futbolistas y el famoso de turno se repiten día a día, es una fórmula infalible para mantener al ciudadano promedio pegado de la pantalla, insultando a políticos y grupos sociales, opinando de situaciones de las que poco o nada saben, para que no presten atención a su alrededor. Mientras sus ojos se ocupan con notas e informes incompletos, que muchas veces no son ciertos, decisiones importantes que pueden afectarlos, son tomadas en otras partes, a puertas cerradas. Los medios de comunicación incitan a las personas que los sintonizan a que consuman basura en vez de hacer parte activa de la sociedad, ocultan información y tergiversan la poca que puede filtrarse.

    Se supone que el periodismo sea el ejercicio libre de mantener informadas a todas las personas sobre acontecimientos relevantes y que las afectan directa o indirectamente. Se debe hacer con transparencia y objetividad, sin emitir juicios precipitados o burlas hacia los implicados. El periodismo tiene un papel tan importante en la sociedad que quienes lo ejercen firman, implícitamente, un pacto de ética para no manchar negativamente aquello que están contando. La sociedad se mantiene por medio de la información y quienes hacen parte de ella toman decisiones en base a ésta; que un medio de comunicación tome parte de un grupo político o económico arruina el equilibrio que se ha formado, puesto que estimulan a sus espectadores a obedecer órdenes o alinearse con estos grupos sin saber realmente cuáles son sus propósitos.

    Por lo tanto, el verdadero propósito del ejercicio del periodismo es el de contar las cosas tal y como son, con el fin de concebir conciencia sobre las situaciones que narra, para así convertir a los ciudadanos en mejores personas, generando una mejor calidad de vida y educando sobre las posibles consecuencias a las que todo acto mal intencionado conduce.

    No en vano lo hemos hablado muchas veces en clase, el periodismo se trata de entretener, informar y educar, sin estos tres pilares nada de lo que se hace tiene sentido y sólo se convierte en un circo destinado a mantener alineadas a las personas, “comiendo cuento”, como se dice vulgarmente, y aprovechándose de ellas para que quienes poseen este país se hagan más y más ricos.

    Como comunicadores, periodistas y/o locutores que apenas se están formando, nuestro deber es tratar de cambiar esa fórmula, generar contenidos que valgan la pena y que sean capaces de romper la burbuja en la que millones de colombianos de todas las edades, razas y condiciones sociales se encuentran. Si lográramos, realmente, superar este tropezón en la historia de los medios de comunicación en Colombia, podríamos convertirnos en un país mejor, capaz de brindarle soluciones eficaces a los ciudadanos y de tratarlos como lo que son: personas importantes.

    Soy consciente que esto requiere de un movimiento grande, lleno de personas deseosas de cambiar la situación política, económica y social actual de este país y que lograrlo conllevaría un gran compromiso de parte de todos, pero creo que se puede hacer al continuar generando espacios independientes que de verdad tomen en cuenta la opinión de las personas y que se dediquen a la búsqueda de la verdad y todo lo que el conocerla conlleva.

    El periodismo en Colombia es dueño de un inmenso poder, su influencia es tan grande que podría ser capaz de paralizar por completo al país. Es nuestro deber utilizar ese don con propósito, ética, transparencia y responsabilidad. Como Stan Lee, creador de Spiderman, alguna vez manifestó en dicho cómic: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. 



    Por Kya Hurtado
    *Escrito originalmente en agosto del 2013

    El cuervo de ojos amarillos grazna posado sobre la copa de un gran árbol mientras las ramas crujen bajo el peso de mis pasos. El aire, denso y frío, raspa las paredes de mi pecho con cada aspiración. A lo lejos, la oscuridad se cierne sobre el vasto cielo, moviéndose como el humo de un cigarrillo, danzando sobre el bosque. El canto de los grillos empieza a la derecha de mi cuerpo. Primero uno, luego otro y otro y otro hasta que es imposible distinguir cuántos son. El sonido crece al mismo tiempo que la oscuridad engulle las cimas de los árboles cercanos a mi posición. Un hormigueo surge desde la punta de los dedos de mis pies, expandiéndose, acompañando el extraño canto de los insectos que cesa justo cuando la oscuridad se divide en dos siluetas con forma de adultos. Ambas, se desplazan por el aire a una velocidad imposible de describir que podría jurar viene junto con un susurro inteligible que aumenta a medida que se acercan a mí. Cerca, están demasiado cerca. No, se estrellarán, ¡NO!

    Abro los ojos.

    Mierda.

    Ha sido un sueño. Un par de parpadeos y descubro que el murmullo inteligible era mi madre anunciado la hora. 4:30 a.m. Es martes y en más o menos una hora debo salir de casa, internarme en las calles de la ciudad y llegar a la universidad para una clase que debería estar prohibida antes de media mañana. 

    Peleo con las cobijas intentando liberarme del letargo producido por seis horas de sueño. Inevitablemente, pierdo la batalla. La tentación de cerrar los ojos e inducirme voluntariamente en un sueño ligero es demasiada, incluso para mí. Mi último pensamiento coherente es que la cama está demasiado vacía.

    La siguiente vez que despierto es por culpa de la gata que me ha saltado en la cara. Jodida Latika. Me doy la vuelta para tratar de dormir pero es bastante imposible hacerlo con el golpeteo de mi madre recordándome la hora. 5:10 a.m. Reflexiono un par de minutos sobre si debería levantarme o no pero al final decido que lo más conveniente es quitarme las lagañas. Eso o mi mamá vendrá a arrebatarme las cobijas.

    Con los ojos entreabiertos y maldiciendo el frío de cojones que hace, camino hasta el baño recitando las razones por las que faltar a clase no es una opción. Primero, ya estoy despierta. Pero aún no te has bañado. Segundo, falté el jueves. No ir no hace daño. TERCERO, mi mamá me obligará a ir. Bueno, bueno, no te exaltes.

    Una vez en la ducha y mientras produzco espuma con el jabón, maldigo a mis antepasados por otorgarme tan poco cerebro. Es que aún no me explico cómo coño se me ocurrió coger esa clase a las seis de la mañana si en tres años nunca había despertado antes de las ocho. Nop. Sigo sin explicarlo. Silencio mis divagaciones con el ruido del agua al caer y de paso termino de despertarme del todo.

    Totalmente bañada y mirándome (o no mucho) al espejo, me cepillo los dientes mientras cuento cuantos puntos negros me han salido desde ayer. Uno, dos, tres, cuatro. Sí, cuatro. Pero no, no vale la pena sacármelos tan temprano. El agua gotea desde mi pelo empapando la alfombra de peluche blanco que mi mamá tanto insiste que usemos después del baño. Nunca entenderé porqué para vestirse sí tiene gusto pero para los accesorios de baño parece con ceguera temporal. Me seco el cabello con la toalla y me envuelvo en ella para salir del baño.

    Frente al closet, descarto cuatro camisas y dos pantalones bastante arrugados. No es tan difícil completar el conjunto con los tenis y la chaqueta; el problema llega cuando no encuentro ni una sola media par. Dos sostenes y unos calzones vuelan por el aire junto con la salida de un vestido de baño que ya no me sirve. ¿Dónde carajos estará la otra media? La búsqueda se extiende por el resto del cuarto. Entre la ropa sucia. Nada. Encima del escritorio. Nada. Al lado del televisor. Nada. Debajo de la almohada. Nada. Detrás de la cama. Lotería. Me pongo las medias, los zapatos y tiro el folder y los lapiceros dentro la maleta. La billetera es un caso más delicado porque no sé si compré helado ayer o el domingo. Al final, recuerdo que la dejé en la mochila así que va a parar también en la maleta. El celular y las llaves dentro de los bolsillos del pantalón. Reviso la hora apenas cierro la puerta del cuarto. 5:37 a.m. Todavía hay tiempo para un café.

    En la cocina, mi madre habla sobre el almuerzo (aún no hemos desayunado) y pregunta a qué horas volveré. Reniega porque no he comido nada y prometo comprar empanadas y más café apenas salga de clase. La gata llora por un pedazo de carne y entierra sus cuchillas, perdón, sus uñitas en mi pantalón. La tiro de un manotazo mientras mamá dice que es culpa nuestra por mimarla tanto. Yo sólo ruedo los ojos. El último trago de café es el signo de despedida, beso a mi madre y maniobro con la gata y el perro mientras abro la reja. El reloj apunta la hora exacta. 5:45 a.m.

    Aún no amanece y el frio se cuela entre la ropa alojándose en los huesos. Un mar de hombres, mujeres y niños camina a mí alrededor esquivando carros y motos que pitan demasiado duro y demasiado temprano. Frente al hospital San Vicente le compro a don Jaime un café que no logro saborear como es debido por culpa de un travesti que me persigue para contarme la historia de unos hongos vaginales que necesita tratar. Le regalo el café porque sinceramente no quiero saber nada de hongos “no contagiosos”.

    5:54 a.m.

    Ya en los torniquetes de la universidad una pequeña lucha se forma entre mis manos y la billetera que va ganando porque no la encuentro. El folder y un par de libros terminan en el suelo y por allá, en el fondo, la encuentro debajo de unas hojas que no recuerdo estuvieran ahí. Sin dedicarle otro pensamiento a ello me encamino al bloque cuatro, piso tres, aula diez. Reviso el reloj una última vez. 6:07 a.m.

    Dentro del aula, tres cuartas partes del tablero ya están llenas de frases, números y fórmulas que, a primera vista, no tienen sentido. La mayoría de mis compañeros ya están allí y no puedo evitar pensar que por más que intente llegar a tiempo es imposible. Cambie la rutina o tome atajos siempre llegaré diez minutos tarde y tendré que dejar una hoja en blanco para desatrasarme.

    Definitivamente, debí haber elegido álgebra y trigonometría de las diez.  



    “Esa hijueputa plata era mía”, es lo primero que escucho al doblar la esquina de la cuadra de mi casa, son las cinco de la tarde y don Enrique ya está borracho. El balbuceo incoherente de don Manuel, un señor que vive a tres cuadras de mi casa y quien parece estar en el mismo estado que don Enrique, da a entender que también está enojado. ¿Quién con quién? Vaya usted a saber.

    He vivido en Prado Centro por los últimos cuatro años y no he presenciado ni una sola tarde en que ambos no estén ebrios, hablando a los gritos de problemas recientes y siempre sentados en la acera de la cuadra, a veces al lado de la tienda de don Amador y la mayor parte del tiempo, debajo del balcón de mi casa.

    Ninguno de los dos da indicios de mi presencia cuando me paro al lado de ellos para abrir la puerta de mi casa, es una escena graciosa, don Enrique con su ropa gastada y sucia, las manos arrugadas y temblorosas, gritándole a don Manuel que no se queda atrás con las palabras duras. Por lo general, ambos son relajados, bebiendo de la botella de chirrinchi que sólo les cuesta $900 y que fácilmente les puede durar toda la noche si sólo están ellos dos.

    Según datos de la Organización Mundial de la Salud, Colombia es el doceavo país con mayor consumo de alcohol en América Latina con 6,2 litros anuales por persona y Antioquia, junto con la Costa, son las zonas que lideran el consumo con 8,8 litros per cápita al año. Un promedio de 1,8 en 100 mil muertes al año se debe a enfermedades causadas directamente por el consumo excesivo de alcohol, aunque no se pueden descartar otros incidentes como lesiones por accidentes de tránsito, homicidios y suicidios que pueden ser relacionados con la bebida.

    Beber en la vía pública no está prohibido, como tampoco lo es venderles licor a las personas siempre que sean mayores de edad, sin embargo, en algunas ocasiones la policía ha venido a la cuadra y ha hecho ir al grupo que a veces se reúne con don Enrique porque “alteran el orden público”. La única de estas escenas que he presenciado fue a principios de este año, cuando don Enrique y Mario se pusieron a pelear, según los vecinos fue porque Mario, como siempre que yo lo veo, estaba haciendo comentarios grotescos a cuanta muchacha joven pasaba por el lado de ellos. La policía tuvo que separarlos y llevárselos a ambos a la estación. Pero eso no les sirvió de nada porque a los días ya estaban devuelta en el barrio, bebiendo y hablando a gritos.

    Son casi las seis cuando salgo de mi casa a sacar a los perros, la discusión parece haberse calmado. Ahora se les ha sumado doña Marta que luce tan frágil que a veces me da susto que se la lleve el viento; con ella esas reuniones suelen aplacarse mucho, justo ahora están hablando de la hija de ella, una treintañera que acaba de perder el trabajo y que ni sabe qué va a hacer para mantener a sus dos hijos, de ocho y doce años, y a la misma Marta, que también vive con ella. “El futuro se nos presenta incierto”, dice ella antes de recibirle una copa de plástico llena con chirrinchi que don Enrique le pasa.

    Lo cierto es que la situación de los tres (y también la de quienes a veces se sientan a beber con ellos) es bastante precaria. A don Enrique algunas veces me lo he encontrado durmiendo en las bancas del parque de la esquina, cubierto por una delgada cobija que algún vecino del barrio le ha puesto encima. A él suelen tenerle mucha más compasión que a el resto porque don Enrique es una buena persona, siempre está dispuesto a hacer algún favor, así sea que esté muy borracho; desde subir paquetes pesados a la casa de alguien hasta a ayudar a doña Beatriz a subirse al taxi que le va a llevar a la cita médica del mes. 

    Don Manuel trabaja en la cuadra donde antes quedaba la Clínica del Prado y que hoy es la Clínica Vida, una unidad para servicios oncológicos, lleva a los pacientes del taxi a la clínica y viceversa, limpia parabrisas, barre los frentes de algunas casas, le hace mandados a los ancianos que viven en el barrio, trabaja lo que puede para sacar plata para pagar los cinco mil que le cobran por la quedada en una pieza cerca de la estación Prado del Metro, para comprar cualquier pan para comer y, por supuesto, para beber. Don Manuel es de esa clase de personas que no hace algo a menos que se le dé la liga, es educado eso sí, pero para favores es preferible hablar con don Enrique.

    Y en esas se pasan la noche, bebiendo y a veces hasta riéndose, hablando de tal o cual vecino, del partido de fútbol del día, de lo que don Manuel escuchó en la radio esa mañana, es difícil seguirle el paso a una conversación tan aleatoria, que pasa de un tema a otro sin aviso, y a la que a veces no se le entiende nada porque, de tan borrachos, ni pueden hablar bien.

    A las diez de la noche, más o menos, doña Marta se despide, camina tambaleante y despacio a su casa, después de todo a la mañana siguiente tiene que levantarse a despachar a los nietos para el colegio y a la hija que lo más seguro es que vaya a salir a buscar trabajo. Don Manuel es el que sigue, si a las once no llega al inquilinato donde vive ya no lo dejan entrar y “dormir en la calle es duro”, oigo que le dice a don Enrique, el único que queda y sigue bebiendo y de vez en cuando fumando del paquete de cigarrillos Kent que siempre mantiene en el bolsillo de la camisa, él no tiene qué preocuparse por llegar a una casa.

    Don Amador, el dueño de la tienda, una vez me comentó que don Enrique “vivió 25 años en el barrio y hace 12 que bebe, ahora ni siquiera tiene una casa a la que llegar por las noches”; ese tipo de cosas te deja pensando porque ese hombre flaco y desgarbado, siempre dispuesto a ayudar a los vecinos desde que no esté demasiado ebrio, perteneció a un lugar no hace mucho tiempo, y ahora, pasa sus noches tal vez olvidando sus penas con una botella de licor barato y consolándose con la compañía de otros que, como él, ya no tienen nada que perder. 



    DEL PORQUÉ ODIO ALGUNAS HISTORIAS

    ¿No les ha pasado que empiezan a leer un fic con toda la emoción del mundo y a los siete capítulos cierran la página con rabia? ¿o cuando, a pesar de que no les gusta, siguen leyendo porque masoquistas siempre? A mi sí. Me ha pasado más de una vez. Y también con historias originales. Lo más probable es que me siga pasando mientras sea lectora constante. 

    Emprender la lectura de una historia siempre es un riesgo, no sabes qué va a pasar a la mitad, si tu personaje favorito se va a morir, si los protas terminan juntos o no, si va a haber un final o el(a) escritor(a) va a tener un arranque de odio y borre todo. No sabes. Y, sin embargo, saltas al vacío, con confianza, porque esperas que el escritor sea un poco como tu y odie las historias inconclusas y que no tienen sentido. Tal vez. Quién sabe.


    A mi, personalmente, hay muchas cosas que me decepcionan en las historias: los personajes débiles, las tramas demasiado enredadas que no terminan en nada, el excesivo relleno, las muertes que nada que ver y, mi favorito más terrible, el smut por montones

    imagen original por kimmy

    Vale, que está bien que tu historia tenga una, dos, tres o incluso cinco escenas de sexo, ¿pero cada puto capítulo? Vete a la mierda. Mejor lo hubieras puesto en el resumen y me hubieras ahorrado las horas invertidas leyendo. 

    Lo más chistoso del caso es que empiezas leyendo porque la historia parece tener trama e incluso la medio desarrollan al principio pero, después, como que no saben cómo seguir y mejor lo llenan todo con sexo y sexo y de ahí saltan al final feliz. 

    Sexo en la cama, en el sofá, en la encimera de la cocina, en los probadores de una tienda, en la ducha; sexo dulce, sexo rudo, sexo con rabia, sexo con celos, sexo, sexo, sexo, seszxo, sexox, eo, sesso, sixspol,sx, ceso, se-vete-a-la-puta-mierda-no-sé-te-ocurre-nada-mas-xo.

    Y ya, eso es todo. 

    Gente, contrario a lo que los adolescentes creen, no todo en la vida es sexo. Hay relaciones que tienen una buena vida sexual pero no se pasan 24/7 follando como conejos, también hacen otras cosas como dormir, besarse, ir a la escuela/trabajo, comer, salir en una cita, visitar a los padres, no sé, miles de cosas diferentes a pajas, mamadas u polvos. Y si tu relación es así, creo que ambxs deberían replantearse qué carajos están haciendo porque sobre-explotando ese aspecto se van a cansar uno del otro muy rápido. 

    Ahora, no es que yo esté en contra de las historias con contenido sexual explicito. No. Para nada. Lo que me jode es que hagan un resumen donde implique que va a suceder algo más y que al final de cuenta no sea nada más que culo-sobre-polla (o coño-sobre-polla, dependiendo del género). Si esa es la intención, cámbienlo, por favor, especifiquen que la historia son fragmentos de la vida sexual de sus personajes. Si es que no lo es, sino que se les acabó la imaginación y no quieren eliminar la historia, pónganla en pausa y esperen a que la inspiración llegue, los lectores lo entenderán (y muchos, lo apreciaremos). 

    Leer sobre sexo a veces cansa, de verdad. Se los juro.

    También sé que ahora lo único que venden es eso, que es lo que quieren leer y toda la vaina, pero las historias, las buenas historias, no se concentran demasiado en ello. Incluso, me he leído fics geniales que no tienen más que besitos de bebé y roces inocentes. Y es sexy. ¿Saben por qué? Porque al final de cuentas lo que más importa son los preliminares, esas cosas que te hacen sentir calentito y bien y que no necesariamente te llevan hasta el final. Si tu objetivo como persona es escribir, ya sea que quieras ser profesional o lo hagas solo como hobbie, tienes que comprender que hay historias que deben ser pensadas y elaboradas y que hay otras que no son más crack, puro y simple.

    Es más, existe un genero dentro del fanfiction que se llama PWP (Plot, What Plot? (y en español, ¿trama, qué trama?)) y es sobre eso, justamente, escribir porno por el mero placer de hacerlo, sin más intenciones que entretener a quien lee. Y no está mal, se los juro, pero siempre suelen ser historias cortas, no interconectadas entre sí, y se hacen así para no hastiar a la gente que lee. Porque leer demasiado sexo, cansa. Y si no me creen, prueben a ver porno todos los días durante más de tres semanas seguidas y verán de qué les hablo. 

    En conclusión (y para no alargar más la cosa porque ya me estoy quedando sin qué decir), no se trata de explotar un género, se trata de desarrollarlo. Y a veces menos sexo en una historia puede ser equivalente a dedicarle más tiempo a la trama. Lo que te va a generar más lecturas y una mejor reputación como escritor(a). 

    No lo olviden.